51*. Fue necesaria la intervención de la serpiente: lo malo puede seducir al hombre, pero no convertirse en hombre.
52*. En la lucha entre tú y el mundo, apoya al mundo.
53. No debe engañarse a nadie; tampoco al mundo por su triunfo.
54. No hay nada fuera de un mundo espiritual; lo que denominamos mundo material es lo malo en el espiritual, y lo que llamamos malo es la necesidad de un instante en nuestro desarrollo eterno.
*. Con luz fortísima puede disolverse el mundo. Ante ojos débiles se hace firme, ante los aun más débiles se convierte en puños, ante los aun más débiles se hace vergonzoso y destruye a aquel que se atreve a mirarlo.
55. Todo es engaño: buscar la medida mínima de decepciones, permanecer en lo común, buscar la medida de lo máximo. En el primer caso se defrauda a la bueno, tratando de hacer demasiado fácil su adquisición; a lo malo, proponiéndole condiciones de lucha excesivamente desfavorables. En el segundo caso, se defrauda a lo bueno, no aspirando a ello ni siquiera en lo terrenal. En el tercer caso se defrauda a lo bueno, a apartándose tanto como es posible de ello; a lo malo, confiando dejarlo sin poderío, por su exaltación al máximo. De esto se desprende que sería preferible elegir al segundo caso, pues a lo bueno se lo defrauda siempre; a lo malo, en este caso, no, al menos en apariencia.
56. Hay preguntas que nos serían inaccesibles si no estuviésemos, por naturaleza, exentos de ellas.
57. El habla sólo puede, para todo lo que está fuera del mundo físico, ser empleada para sugerir, pero nunca, ni siquiera en forma aproximada, en términos de comparación, ya que, en lo correspondiente al mundo material, trata únicamente de la posesión y las relaciones de ésta.
58*. Se miente lo menos posible sólo cuando se trata de mentir lo menos posible y no cuando se tienen pocas posibilidades de hacerlo.
59*. Un peldaño que no está profundamente desgastado por pisadas es, visto por sí mismo, solo algunas solitarias maderas unidas.
60. Quien renuncia al mundo debe a amar a todos los hombres, pues renuncia también a mundo de ellos. Comienza, por lo tanto, a intuir el espiritu humano verdadero, que no puede sino amarse, siempre que se esté a su altura.
61*. Quien, dentro del mundo, ama a su semejante, no comete ni mayor ni menor injusticia que aquel que, dentro del mundo, se ama así mismo. Quedaría sólo el interrogante si lo primero es posible.
62. El hecho de que no haya más que un mundo espiritual nos quita la esperanza y nos da seguridad.
63. Nuestro arte es un estar cegado por la verdad: lo único cierto es la luz que da sobre el fugitivo rostro de caricatura, y nada más.
64 y 65. La expulsión del paraíso es, en su mayor parte, eterna: es, pues, realmente definitiva, ineludible la vida en el mundo; pero la eternidad del devenir (o, expresado temporalmente: la eterna expresión del acontecimiento) hace posible que no sólo podamos permanecer de modo perdurable en le paraíso, sino que, en realidad, estemos en él, siendo indiferente que aquí lo sepamos a no.
66. Él es un ciudadano libre y seguro de la tierra, pues está sujeto a una cadena que es lo suficientemente larga para darle con libertad todos los espacios terrenales, y, no obstante, sólo tan larga, que nada puede arrastrarlo por encima de los límites de la tierra. Simultáneamente, sin embargo, es también un ciudadano libre y seguro del cielo, pues también está sujeto a una cadena celestial calculada de modo análogo. Si desea, entonces, ir a la tierra, le asfixia el collar del cielo, si desea ir al cielo, el de la tierra. Y, a pesar de ello, tiene todas las posibilidades, y lo percibe; sí, y hasta se niega a atribuir el todo a un error en la primera atadura.
67. Corre tras los hechos como un principiante de patinaje, el que, además, se ejercita en el lugar donde está prohibido.
68. ¡Qué más placentero que la fe en un dios hogareño!
69. Teóricamente existe una posibilidad de dicha completa: creer en lo indestructible dentro de sí mismo, y no esforzarse hacia ello.
71 y 72. Lo indestructible es uno; cada hombre lo es individualmente, y, al mismo tiempo, es común a todos; de ahí la inigualable relación inseparable de los hombres.
Extraido de:
Kafka franz. Obras Completas II.(Reflexiones sobre pecado, sufrimiento, esperanza y el camino verdadero). Trad. Félix Haeberle.Emecé Editores, Tercera edición: España; 1976.
D.Rodríguez.